Almost speechless
I only want you to say you love me.
Almost speechless, Antoinette.
Ha salido el sol por fin, algo calienta y al menos la vista se recrea de tanto gris, pero no puedo escribir. Me han llegado malas nuevas y a dos centímetros de mis ojos sólo veo una nube negra y espesa. Y la verdad, ya no sé si quiero seguir con esto. Veremos que pasa.
Hoy te necesito y no estás.
Solamente, Antoinette.
¿Recuerdas cuando nos conocimos? Solía ser tu chica, tu orgullo y tu recreo, como cualquier otro caballero acostumbrabas llevarme a bailar, al cine, al parque, nos divertíamos mirando las caras de la gente y en más de una ocasión dimos vueltas en círculos, sólo para estar más tiempo juntos. Ahora que creo has escontrado una nueva compañera me abandonas como a un juguete roto... ahora es alguien más a quien llevas, otra más para tus juegos, para tus chistes y tus reclamos. Cariño, mientras aún sufro sin atreverme a decirte nada, sé exactamente lo que debo hacer: si no puedo tenerte cuando estoy despierta, me iré todas las noches a la cama a soñar contigo. Llévame contigo, querido mío, estaré a la hora acordada y estaré tan linda que me vas a amar cuando me veas y nunca más tendré que preocuparme, ¿ves? ahora soy tu muñeca, toda para ti. Llévame a caminar, recostémonos en el ceped, miremos libros que no vamos a comprar, finjamos una discusión sólo para perturbar a las personas. Nada más te pido que prometas no despertarme hasta la mañana y por favor ten cuidado conmigo, haces que mi vida valga la pena con la más leve sonrisa o instantáneamente me destruyes con un suspiro casi imperceptible, así es que sé gentil, tómame suavemente y recuerda que estoy soñando contigo, cariño.
No me despiertes.
A pesar de mis intenciones, insomne, Antoinette.
Cariño, cariño, cariño mío. Hoy no escribiré mucho, porque está nublado, frío, a punto de llover y sólo quiero -necesito- que me abraces.
Mmmmmm....
Congelada -sólo por hoy, mi amor-, Antoinette.
Lo sabes de sobra.
Completamente cegada, Antoinette.
De verdad que me estoy volviendo una especie de adorable psicópata. Es que luego del feroz encontrón con la realidad que tuve aquel día extraño, me dio por rastrear cosas, perseguir el camino a tu origen, ya sabes, como el cuento ese donde la bruja engorda a los hermanitos y al final la chica le quema la cabeza… bueno, la relación es con las piedritas que dejaron antes en el camino. Lo que sea. El asunto es que he agarrado un punto de partida para salir de ti hacia tus rastros, los que has dejado por ahí, con esas otras, con esas. Quizás debiera retroceder los pasos y aguantar un destino más funesto, lejos de ti, pero a salvo. Aparentemente no soy la única e indudablemente soy la menos probable ¿verdad? Esto de la familiaridad tienes sus pros y sus contras, por un lado te veo y me hago un ovillo, pero no se me nota y podemos seguir hablando como si nada y puedo hacer chistes de tu ropa y tus manías. Por el otro debo actuar impasible frente a los coqueteos prodigados a esas otras, a esas. Ni te imaginas cuantas veces he llorado de rabia cuando evidencias como un triunfo que tus flirteos son para esas otras y no para mí… aunque debo ser justa y reconocer más de alguna migaja dedicada especialmente a esta testaruda enamorada. No, no seré una víctima, querido mío. No es culpa tuya, ni mía. Son cosas que pasan, siento mucho por ti y bueno, que se le va a hacer. Sólo obviar a esas, no están. Sólo tú y yo, las gentilezas para esas otras son siempre para mí y los susurros y las caricias y las miradas y los te quiero y las bromas y las sonrisas y tú absoluto, todo, todo, todo mío… Nos encontraremos nuevamente y me harán gracia tus conquistas, me portaré como todo una princesa, pondré el azúcar en tu café al tiempo que mirarás por la ventana a la chica que espera el taxi y te diré ¿está guapa, no? Levantarás la comisura –como gusto de eso- y me mirarás sin hablar, diciéndome: no seas tontita, en todas busco a ti.
Merda d’artista.
Te quiero, Antoinette.
No sé que hacer contigo, la verdad. Me perturbas y me alucinas, pero más me perturbas… y más me alucinas, qué decir. Ayer te vi, todo normal, excepto que –esto no lo sabes- fue un encuentro un poco forzado, me estoy volviendo una especie de psicópata. No, no temas, amor. Sabía que andabas por ahí, por MdB, y te seguí un par de cuadras, antes de dar una felina vuelta en el quiosco de la esquina y hacerme la loca. Uy! Qué coincidencia, vives por acá, tengo una amiga que vive cerca, tengo una cita en el MNBA, te acompaño, yo vine a ver una muestra, vamos los dos juntos, mmm, me parece bien. Caminamos lento la cuadra que nos quedaba por andar, yo fumaba, tú fumabas y algo dijiste acerca del olor a lacrimógena, el smog y la lluvia ácida, no sé. En realidad estaba sumergida en tu boca, seducida completamente por el roce del cigarrillo en tus labios y el humo que espirabas todo como en cámara lenta con una tonta música de fondo y tus manos blancas moviéndose al ritmo. Cómo deseé en ese momento que me tomaras por la cintura, arrebatándome el equilibrio me tiraras a la muralla y me besaras suave y eterno, como hiciste alguna vez en mis delirios, como lo hiciste cruzando en el semáforo, como lo hiciste en la penumbra de una calle de barrio y en un barcito impopular. Estás muy sonrojada, me dijiste, quitando de mi frente un rizo desbaratado por el viento. Es que… creo que me subió la presión… y además estaba imaginando los besos que quieres entregarme y las caricias que tendremos juntos de aquí en adelante, mi amor. Pero eso último sólo lo pensé, no te lo dije, maldita sea, no puedo hacerme de valor si me miras con esos ojos que destruyen mi voluntad, por mucho que me deleite ese vaciamiento. Quizás sería mejor que vuelvas casa, ¿vives cerca? Algo así, puedo volver donde mi amiga, pero me caería muy bien un café, ¿me acompañas? Claro, sólo espérame unos minutos, mira los cuadritos y nos vemos en el hall. Ok. No miré ningún cuadrito, estaba convaleciente de mis visiones y nuestro breve andar. Y te esperé. Te esperé. Esperé. No apareciste jamás, extraña situación, estando yo en la única entrada que conozco del edificio. Pasó poco más de una hora cuando convine que definitivamente mis delirios estaban alcanzando un nivel patológico, ¿o no? En fin. Es posible que te vea esta tarde y esta noche y las que siguen, en una de esas ocasiones tendrás tú el valor de enfrentarme. Por ahora sólo te escribo, sé que me lees y te haces el desentendido. Eso me gusta.
Me gustas mucho.
Extática algunas tardes, Antoinette.
¿Cómo se puede estar tan equivocada para enamorarse? Ese fue mi primer gran error, cuan desquiciada hube de estar como para no verlo. Los celos me miran ahora, me atraparon de alguna forma sin darme ninguna advertencia, tomándome por sopresa, adelantándome. No podrían fallar, tenían sus esperanzas puestas en mi camino. Y, ¿qué tan fuerte se puede ser con estas cosas del corazón? La vida es demasiado corta como para pasarla entre las lágrimas... si sólo pudieras ver lo que me haces. Me han hecho tropezar, los celos me han hecho descender, me regalan pena y dolor, ¿cuándo se irán de mí? Poseen mi mente, me han convertido en una maldita celosa. No fui bastante mujer para permitirles herir mi orgullo y ahora estoy sola, yo y mis celos.
No ha sido un gran día, ¿cierto?
Posesa de ti, Antoinette.